marzo 02, 2005

Ella se llamaba América, ella se llamaba así

Hace ya diez años que conocí a América, en realidad fue en el verano del 95 –estamos cerca del aniversario. Teníamos sólo 18 años, yo acababa de regresar de mi experiencia de vivir sola en otro país y era una persona totalmente diferente, me gusta pensar en ese tiempo como mi etapa de gestación. Sola crecí, me convertí en lo que soy ahora, claro con 10 años menos. En fin, regresé a casa de mi madre, sin amigos y con el corazón roto, así fue como los conocí, a América y su banda, por un primo que estudiaba con ellos, él me llevó a mi primer "lenchazo", una reunión adolescente en casa de Lorenzo caracterizada por grandes cantidades de cerveza, marihuana y encuentros sexuales amistosos. Nos divertíamos, sin duda. Poco a poco me gané un lugarcito en la banda, ya conformada cuando yo llegué. Estaba Lencho, el de la casa, un verdadero ingeniero adicto a los deportes y baterista; Daniel, yugoslavo, el filósofo de la banda; Marcos "El Sub", un jovencito perdido intentando estudiar psicología pero atrapado en Ingeniería Petrolera; Laura, bastante más madura que el resto de nosotros; Fanny, una chica rosa y empalagosa, que estudiaba ingeniería pero sólo quería casarse y tener una papelería, por los listones de colores, claro; Manuel "El transmetal", mi primo, perdido y demasiado adicto; Marco "Anaya", esclavo sexual de América; América "La dama de las caguamas", una adorable mitómana, diosa del sexo con la risa más envidiable del planeta y el par de tetas más grandes también; y, por supuesto yo, perdida y sobria. Básicamente esa era la banda, con algunos elementos flotantes que iban y venían siempre dispuestos a beber, fumar, experimentar sexualmente, o las 3 juntas.

Nos juntábamos todos los días o al menos cuatro veces por semana, bebíamos, nos bañábamos en bolas, nos enamorábamos, compartíamos, nos peleábamos... y América siempre reía y cantaba, siempre que estaba borracha cantaba, de preferencia a José José, y lo hacía muy bien. Así transcurrió el primer año de nuestra amistad, hasta que las responsabilidades comenzaron a pesar. Poco a poco nos dimos cuenta que la Universidad exige demasiado de uno para poder hacer "lenchazos" todos los días, que nos enamorábamos de verdad para estar jugando a la orgía, y que ya no íbamos a ser tan niños siempre, pues, maduramos, creo.

Después vino la huelga en la UNAM, la izquierda y la derecha, la vida, y nos separamos, pero seguíamos estando juntos, en lo posible. América era la que menos cambió de todos, siempre dispuesta a ahogarse en alcohol y reirse a todo pulmón, a pesar de que su vida cada vez era más complicada y extraña para los demás. Cuando la conocimos venía saliendo del TEC, de la bancarrota y de una congestión alcohólica, se había mudado a casa de su abuela porque su mamá se iba a vivir a Guadalajara con su esposo y sus dos hijas pequeñas, su papá vivía con otra mujer y tres hijos más pequeños que América, que era hija única del matrimonio de sus padres. Como nota importante cabe mencionar que nunca ninguno de la banda entró a casa de América o conoció a alguien de su familia. Toda su historia estaba siempre rodeada de un gran misterio. Contaba muy poco sobre su vida y muy poco parecía cierto, sus papás se habían divorciado cuando ella era muy pequeña y anduvo errante de casa en casa entre los papás, tíos y la abuela, había lucahdo contra una adicción a la cocaína y varios problemas más.

Dos o tres años después de conocernos, en una de las llamadas más extrañas que he recibido en mi vida América me dijo, entre risas, que su papá había muerto, en un asalto, le dispararon y ella estaba con él. Al día siguiente ella presentó un exámen y sacó 10. Nunca hablamos del tema, salvo la vez que entre las dos nos tomamos más de una botella de tequila, un domingo, y ella lloró y escribió varias frases para su papá en el cuarto de azotea que yo llamaba mi "estudio". Ese verano se fue a España a dejar las cenizas de su papá, que era español, con sus medio hermanos paternos, allá su hermana adolescente, Emilia, decidió meterse a un convento para ser monja y América regresó completamente rapada de la cabeza, sin razón aparente, pero se veía bien.

Así, transcurrió el tiempo, yo me armé otra banda, ellos también y nos veíamos cada vez menos, pero estábamos en contacto. Después de nuestra época desenfrenada, yo ya me había titulado y tenía un trabajo donde me explotaban, Daniel estaba haciendo una maestría en Puebla y vivía con su señora, Lencho se tituló y empezó una maestría, "El Sub" había cambiado el apodo por "La Roca" y estudiaba, por fin, Psicología, y los demás seguían atrapados en la UNAM o habían huído como ratas a otras escuelas. América se quedó en la UNAM, hasta que un buen día, hace ya casi 4 años, me dijo que se iba a hacer una maestría a Canadá. Al principio esto no me sonó raro, pero después de hablarlo con algunos de la banda y pensarlo un poco, nos quedó claro que América no había terminado la carrera, ¿cómo podía hacer una maestría? Cuando se lo pregunté me dijo que sólo iba a ver la Universidad y a investigar, eso nos dejó bastante contentos a todos.

Antes de que se fuera América, Daniel nos invitó a su casa en Tonantzintla, Puebla, para despedirnos todos y conocer el nuevo hogar. El punto de reunión fue, como siempre, casa de Lencho, pero cuando estábamos todos ahí, nos avisaron que la tía de Daniel había muerto y que ya no podíamos ir a su casa, por lo que decidimos irnos a Cuernavaca a la cabaña de los suegros –hoy ex– de Abigail (Eréndira), cargamos dos Chevys con todos los instrumentos que encontramos –un bajo y su ampli, una batería, un teclado, un yembé, cencerros, triángulos, panderos y otros– y nos fuimos. Fumamos y bebimos mucho, mientras nos echábamos un gran palomazo en el que "La Roca" tocaba el teclado, Lencho la batería, el hombre del que estaba enamorada el yembé, yo el pandero, Eréndira las claves y América cantaba. Todo iba bien hasta que América perdió la compostura –como casi siempre–, se jaló la tanga hasta las axilas y cantó desesperadamente "Almohada" de José José y nos malviajó a todos. Después nos sentó en la mesa y nos contó su sueño: ella en un yate en Canadá rodeada de sus amigos y siendo una triunfadora, claro que ni Eréndira, ni el hombre del que yo estaba enamorada estaban ahí, lamentablemente tampoco la Roca, porque él sería el primero de nosotros en ¡morir!

A la semana siguiente le hicimos su despedida formal. "La Roca" puso su casa, América y yo cocinamos y cayó muy poca banda, la hermana de la Roca, su prima, Claudia, la mejor amiga de América –juntas, las tres fuimos conocidas en alguna época como los brazos–, "El Calvijas", Lencho, Eréndira, ese hombre que me traía obsesionada –y todavía lo hace– y su amigo Nat. Fue una despedida bastante gris, y así le dijimos adiós a América. Lo que nunca pensamos fue que no la volveríamos a ver.

Botella

Así es, hace ya casi cuatro años que el paradero de América es un misterio para todos, nadie sabe dónde está o qué hace. Cuando llamamos a su casa los familiares –que, por supuesto, no conocemos ni sabemos si son reales– no nos dan ninguna información, no contesta los mails, no existe en Google, nada. No hay nadie que la haya visto desde esa despedida. Cada vez se crean más rumores alrededor de su historia, en una reunión de Ingeniería en casa de Daniel, de los 10 o 15 asistentes, ninguno tomó nunca una clase con América, nadie compartió salón con ella durante la carrera, recuerdan verla en los pasillos o en la cafetería de Diseño, pero nada más. Claudia llegó a hablar con ella vía messenger los primeros meses, pero después, nada, silencio.

Ninguno recuerda exactamente cómo llegar a su casa, nadie sabe cómo se llaman sus papás o sus hermanos, o si en realidad existen. En este momento ya ni siquiera estamos seguros de si América existió o no. Antes de su desaparición total yo llegué a recibir mails de ella, uno o dos, en donde decía que todo estaba bien y pedía recetas de cocina. Cuando le escibí para preguntarle dónde estaba y confesarle que no le creía nada me mandó dos fotos, que son claramente montajes, y después de eso, nada.

Algunas teorías sobre su paredero son bastante interesantes, hay quienes dicen que su mitomanía se complicó a tal grado que está internada en un psiquiátrico, otros dicen que forma parte del clan Trevi-Andrade o que se dedica a la trata de blancas; "La Roca" asegura que conoció a un chile en la red y que se fue a seguirlo y le fue tan mal que le da pena volver; mi mamá cree que tal vez estaba embarazada y su familia la desapareció por pena; otros, como yo, creemos que se volvió loca y sigue viviendo en México, pero se esconde, lo cual se podría confirmar con las extrañas reacciones de su familia cuando llamas e intentas localizarla, siempre contestarán con un "no sé", "yo le digo que hablaste", nunca una respuesta directa sobre si está o no en el país.

Lencho dice que lo mejor para esta historia es que América nunca aparezca, así se convierte en leyenda, y, a veces, hasta yo pienso lo mismo.

RiverValley

Yo todavía creo que América existió y que la encontraremos, así que si alguien ha visto a esta mujer, por favor comuníquese urgentemente conmigo en este blog

1 comentario:

felipe dijo...

! que historia!!!