marzo 06, 2008

alacranes voladores

Mi abuela dice, sabiamente, "dios no le da alas a los alacranes". Y tiene razón.

Yo soy, por azares del destino, una hija del otoño, procreada alrededor del día del amor (sí, mis padres eran unos jóvenes enamorados y muy cursis que escuchaban a Pat Boone). Por lo tanto mi signo zodiacal es Escorpión, y sí, soy un alacrán. Por lo general intento controlar mi veneno y no andarlo desperdiciando, lo guardo para ocasiones realmente especiales. Pero cuando un bicho de cuarta se me cruza en el camino y en un arranque de falsa grandeza me ofende, puedo sentir como mi colita se llena de veneno listo para aniquilar a tan insignificante insecto. Se me calienta el rostro y tengo mil y un ideas de cómo podría aplastarlo en un tris. Me encantaría tener el poder de tronar los dedos y hacerlo crujir entre mis manos y así, acabar con su despreciable existencia.

Afortunadamente para mi y para el pequeño insecto, no tengo ese poder y mi naturaleza venenosa tiene que conformarse con levantar una queja que llegue hasta sus últimas consecuencias, aunque después mi conciencia me acosa por días, ¿qué tal que el insecto pierde su trabajo y no tiene para alimentar a su hijo mongolito y sus 3 hermanitos?

¡Maldita conciencia! Sin ella sería un verdadero demonio que no dudaría en aplastar a cuanto insecto se cruza por mi camino.

1 comentario:

El Emperador dijo...

Te sabes la fábula de la rana y el escorpión??? Es muy buena, al final uno es lo que es. Y te apoyo, etúpida conciencia.